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Un experimento espacial sin precedentes
El 26 de septiembre de 2022, la NASA hizo historia. Su misión DART (Double Asteroid Redirection Test) impactó deliberadamente contra Dimorphos, una pequeña luna que orbita el asteroide Didymos. ¿El objetivo? Probar si era posible desviar un asteroide mediante un golpe cinético. Y la verdad es que funcionó: el tiempo que tarda Dimorphos en orbitar Didymos se redujo en 33 minutos. Pero eso fue solo el comienzo.
Un nuevo estudio ha analizado en profundidad lo que ocurrió tras el impacto. Usando simulaciones numéricas, se han reconstruido cómo se comportó Dimorphos, qué tipo de material lo compone y cómo cambió su forma. Los resultados son fascinantes y revelan que este pequeño asteroide es mucho más complejo de lo que imaginábamos.

¿Qué tipo de cuerpo es Dimorphos?
Las simulaciones indican que Dimorphos es un rubble pile, es decir, un montón de rocas y polvo débilmente cohesionados. Su resistencia estructural es mínima, con una cohesión de apenas unos pocos pascales. Para que te hagas una idea, eso es menos que la presión que ejerce una hoja de papel sobre una mesa.
Además, su densidad es baja, inferior a 2,400 kg/m³, y su superficie contiene menos del 40% de grandes bloques. Todo esto sugiere que Dimorphos se formó a partir de material desprendido de Didymos, que luego se reagrupó por gravedad. Un proceso que pudo durar días o incluso años.

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El impacto: más que un simple cráter
Lo más sorprendente es que el impacto de DART no creó un cráter tradicional. En lugar de eso, causó una deformación global del asteroide. Como si lo hubieran apretado con una mano gigante, cambiando su forma y redistribuyendo su masa.
Este cambio de forma también alteró el campo gravitacional entre Dimorphos y Didymos, lo que contribuyó al cambio en la órbita. Es decir, no solo fue el golpe, sino también la deformación lo que modificó el movimiento del sistema.

¿Cuánta materia fue expulsada?
Se estima que entre 0.3% y 1% de la masa de Dimorphos fue expulsada tras el impacto. Eso equivale a millones de kilos de material. Y lo más interesante es que gran parte de esa materia no escapó del asteroide, sino que fue desplazada internamente o quedó orbitando cerca de la superficie.
Las simulaciones muestran que hasta un 8% de la masa total pudo haber sido afectada. Esto refuerza la idea de que Dimorphos es un cuerpo débil, fácilmente alterable por impactos.
¿Cómo se comportó el penacho de escombros?
Las imágenes tomadas por LICIACube y el telescopio Hubble revelaron un cono de eyección amplio, con ángulos de apertura de hasta 139°. Las simulaciones confirman que este tipo de dispersión solo puede ocurrir si el material del asteroide tiene muy poca cohesión.
En los modelos con mayor cohesión (500 Pa), el cono era más estrecho y la cantidad de material expulsado, menor. Esto sugiere que Dimorphos tiene una superficie extremadamente frágil, lo que permitió que el impacto excavara más profundamente y liberara más escombros.

¿Qué hay debajo de la superficie?
Se ha modelado Dimorphos como una mezcla de bloques grandes (mayores a 2.5 m) y una matriz de material granular. La porosidad total, que incluye espacios entre rocas y dentro de ellas, se estimó entre 35% y 65%. Esto lo convierte en un cuerpo muy poroso, similar a otros asteroides como Ryugu o Bennu.
Además, se observó que la distribución de los bloques influye en cómo se dispersa el material tras el impacto. Si hay demasiados bloques grandes, se reduce la eficiencia del cráter, ya que las rocas se inter-bloquean y dificultan la excavación.
¿Qué aprendimos sobre la formación de sistemas binarios?
Este estudio también aporta pistas sobre cómo se forman los sistemas de asteroides dobles. Didymos, el cuerpo principal, tiene una rotación rápida que requiere cierta cohesión interna para mantenerse estable. Dimorphos, en cambio, parece haber nacido de material desprendido de Didymos, que se reagrupó sin mucha cohesión.
Durante ese proceso, los granos más finos probablemente escaparon por presión de radiación solar, dejando a Dimorphos con una estructura más tosca y débil. Esto explicaría por qué su cohesión es tan baja y por qué es tan susceptible a deformaciones.

¿Y ahora qué?
La misión DART fue solo el primer paso. El 7 de octubre de 2024, la Agencia Espacial Europea lanzó la misión Hera, que estudiará Dimorphos en detalle. Medirá su masa, analizará su forma post-impacto y buscará el cráter (si es que existe). Esto permitirá validar las simulaciones y entender mejor cómo se comportan los asteroides ante impactos.
Además, estos datos son cruciales para futuras misiones de defensa planetaria. Saber cómo responde un asteroide al impacto nos ayuda a diseñar estrategias más efectivas para desviarlos si alguna vez uno se dirige hacia la Tierra.

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Un pequeño asteroide con grandes lecciones
Dimorphos nos ha enseñado que los asteroides no son simples rocas orbitando en el espacio. Son cuerpos complejos, con estructuras internas delicadas y comportamientos inesperados. El impacto de DART no solo cambió su órbita, sino que transformó su forma, liberó toneladas de material y nos dio una ventana al interior de estos misteriosos objetos.
Y es que, a veces, para entender el universo, hay que golpearlo… con precisión científica.





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