Aprovechando el tirón mediático de la misión Artemis, estamos escribiendo varios artículos sobre la salud de los astronautas. En este viaje a la Luna, se encuentra la primera mujer en salir de la protección terrestre contra la radiación. La Estación Espacial internacional se encuentra orbitando a 400 km de altura sobre la Tierra y está dentro de esa protección. Este viaje de esta astronauta es sumamente importante para estudiar cómo se comporta un cuerpo y mente femenina en un ambiente extremo.

Cuando pensamos en misiones espaciales, solemos imaginar lanzamientos espectaculares o caminatas en la Luna. Pero hay un aspecto menos visible —y absolutamente crucial— que está ganando protagonismo: la salud del cuerpo humano en el espacio.
Y dentro de ese gran reto, hay una pieza que durante mucho tiempo ha recibido menos atención de la que merece: la salud femenina.
Porque sí, el espacio afecta a todos los cuerpos… pero no todos los cuerpos reaccionan igual.

Texto en español de la figura: Respuesta inmunitaria más potente. No hay diferencias inmunológicas significativas entre sexos durante el vuelo. Priorizan la precisión sobre la velocidad en pruebas de alerta. Posible protección frente al SANS, aplanamiento del globo ocular y edema del nervio óptico. Más susceptibles a la intolerancia ortostática, resistente al tratamiento médico. Más susceptibles a cánceres inducidos por radiación (tiroides, pulmón, mama). Más susceptibles a la formación de coágulos venosos y a hipovolemia generalizada durante el vuelo. Más susceptibles a infecciones urinarias. Menos susceptibles a cálculos renales. Un balance energético negativo más pequeño tiene efectos importantes en todos los sistemas orgánicos en mujeres en la Tierra. El uso de anticonceptivos hormonales limita los estudios en humanos. Posibles alteraciones a corto plazo en la función del eje hipotálamo–pituitaria–ovario. Aumento de los marcadores séricos de resorción ósea al inicio del vuelo. Mayor incidencia de diagnóstico de baja densidad mineral ósea al regresar a la Tierr. No hay diferencias significativas entre sexos durante el vuelo. Posible aumento temprano de la pérdida muscular que luego se estabiliza

El espacio no es un lugar “neutral” para el cuerpo

Vivir en microgravedad cambia muchas cosas. Los huesos pierden densidad, los músculos se debilitan y hasta el sistema inmunológico puede volverse menos eficaz.
Ahora bien, cuando hablamos del cuerpo femenino, entra en juego un factor adicional: el ciclo menstrual y su regulación hormonal.
En la Tierra, este ciclo forma parte de la vida cotidiana. Pero en el espacio, puede convertirse en un desafío logístico y fisiológico.
Imagina intentar mantener una rutina normal en un entorno donde todo flota, el agua es limitada y cada objeto tiene que estar perfectamente controlado. En ese contexto, incluso algo tan natural como la menstruación requiere planificación.

¿Por qué se estudia la supresión del ciclo menstrual?

Uno de los enfoques más estudiados es la llamada amenorrea inducida médicamente, es decir, la posibilidad de detener temporalmente el ciclo menstrual mediante métodos hormonales.
Esto no es algo exclusivo del espacio. En la Tierra ya se utiliza en ciertos contextos médicos o personales. Pero en el entorno espacial tiene ventajas muy concretas:
• Evita complicaciones durante misiones largas
• Reduce la necesidad de productos de higiene en condiciones limitadas
• Simplifica la gestión de residuos a bordo
Es como simplificar el equipaje antes de un viaje muy largo: cuanto menos “extra” tengas que gestionar, mejor.

Opciones para astronautas: más allá de la píldora

Tradicionalmente, muchas astronautas han utilizado anticonceptivos orales de forma continua para evitar el ciclo menstrual durante las misiones.
Sin embargo, esto implica tomar una pastilla cada día durante meses o incluso años. En misiones largas, eso puede traducirse en cientos o miles de dosis que hay que transportar, almacenar y mantener en buen estado.
Por eso, cada vez se estudian más alternativas como los anticonceptivos de larga duración. Estos métodos funcionan como “soluciones de bajo mantenimiento”: se aplican una vez y pueden durar años.
En el contexto espacial, esto tiene mucho sentido. Menos dependencia diaria, menos residuos y menos preocupaciones.

Un punto crítico: la salud ósea

Aquí es donde la cosa se pone realmente interesante.
Sabemos que en el espacio los huesos pierden densidad porque no soportan el peso del cuerpo como en la Tierra. Es como si dejaras de usar un músculo durante meses: se debilita.
El problema es que ciertas decisiones hormonales pueden influir también en la salud ósea.
Algunos tratamientos pueden ayudar a mantener la densidad ósea, mientras que otros podrían afectarla negativamente. Y en el espacio, donde ya existe ese riesgo, cada pequeño detalle cuenta.
Por eso, estudiar el cuerpo femenino no es solo una cuestión de comodidad, sino de seguridad a largo plazo.

historia mujeres en el espacio
Astronautas lanzados al espacio por año y por género desde 1961.
La primera mujer voló al espacio en 1963. Desde entonces, otras 102 mujeres han volado al espacio, lo que representa más del 15 % del total de astronautas, en más de 173 lanzamientos. El número de astronautas incluye los vuelos repetidos de la misma persona, pero en años diferentes. Se considera astronauta a toda persona que haya sido lanzada o haya volado con la intención de alcanzar una altitud superior a la línea de Kármán (incluidos, por tanto, los desafortunados astronautas del desastre del Challenger, pero no los viajeros espaciales de los vuelos de Virgin Galactic, por ejemplo).

Autonomía, información y decisiones personales

Un aspecto importante que destaca la investigación es que no hay una única solución válida para todas.
Cada astronauta debe poder elegir, con información clara y basada en evidencia, qué opción se adapta mejor a su cuerpo y a la misión.
Esto es clave: no se trata de imponer un método, sino de ofrecer opciones y respetar decisiones.
En cierto modo, es como preparar una misión personalizada. Cada cuerpo es distinto, y eso también debe reflejarse en la forma en que se planifican los vuelos espaciales.

¿Por qué esto importa para el futuro?

A medida que avanzamos hacia misiones más largas —como viajes a Marte—, entender estos aspectos será fundamental.
No podemos permitirnos lagunas de conocimiento cuando hablamos de misiones de años de duración. Y eso incluye comprender en profundidad cómo funciona el cuerpo femenino en el espacio.
Además, este tipo de investigación también tiene impacto en la Tierra:
• Mejora el conocimiento sobre salud hormonal
• Aporta nuevas perspectivas en medicina
• Ayuda a diseñar tratamientos más personalizados

Mirando al futuro con una visión más completa

Durante mucho tiempo, la investigación espacial se centró en un perfil muy concreto de astronauta. Hoy, por suerte, eso está cambiando.
Entender la salud femenina no es un detalle secundario. Es una pieza esencial del puzzle si queremos que la exploración espacial sea realmente sostenible y segura para todos.
Porque al final, explorar el universo también implica entendernos mejor a nosotros mismos.

4 astronautas en la ISS
Las cuatro mujeres que prestaban servicio juntas en la Estación Espacial Internacional el 14 de abril de 2010 representaron el mayor número de mujeres que han estado en el espacio al mismo tiempo. En el sentido de las agujas del reloj desde la parte inferior derecha se encuentran las astronautas de la NASA Dorothy Metcalf-Lindenburger y Stephanie Wilson, ambas especialistas de la misión STS-131; y Tracy Caldwell Dyson, ingeniera de vuelo de la Expedición 23; junto con la astronauta de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) Naoko Yamazaki, especialista de la misión STS-131.

Para terminar…

Bibliografía

Medically induced amenorrhea in female astronauts. Jain, V., Wotring, V. Medically induced amenorrhea in female astronauts. npj Microgravity 2, 16008 (2016). https://doi.org/10.1038/npjmgrav.2016.8

Women in space: A review of known physiological adaptations and health perspectives. Hughes-Fulford, M., Carroll, D. J., Allaway, H. C. M., Dunbar, B. J., & Sawyer, A. J. (2024). Women in space: A review of known physiological adaptations and health perspectives. Experimental Physiology, 1–24. https://doi.org/10.1113/EP091527

Una respuesta a «Mujeres en el espacio»

  1. Avatar de comunidadzargal
    comunidadzargal

    Interesante tema

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