Encelado y sus garras de tigre
Encelado es una luna helada de Saturno de 498 kilómetros de diámetro. En 2006, la misión Cassini descubrió que gigantescos penachos de vapor de agua brotan de profundas fracturas de la superficie, apodadas “garras de tigre”, situadas cerca del polo sur de Encelado. Los penachos son el resultado de que la gravedad de Saturno estira y aprieta las entrañas de Encelado como si fueran masilla, inyectando energía en el interior de la luna para mantener el agua líquida en un océano global y arrojando periódicamente parte del agua a través de las garras de tigre, como si apretáramos agua de una botella.

Planes de la ESA
La Agencia Espacial Europea (ESA) está haciendo gala de una considerable visión de futuro con su programa “Voyager 2050”, que describe los objetivos y misiones científicas para mediados de este siglo. En 2021 se eligió como tema general “las lunas del sistema solar”, y ahora un informe de expertos ha recomendado que Encelado sea el objetivo principal.
Hubo una reunión de un grupo de 12 científicos/as planetarios/as de toda Europa, presidido por Zita Martins, astrobióloga del Instituto Superior Técnico de Portugal, para evaluar los beneficios científicos que podría reportar una misión a Encelado y/o Titán, satélites de Saturno, o Europa, luna oceánica de Júpiter. Mientras tanto, los ingenieros/as de la ESA estudiaron qué tipo de misión sería más realista teniendo en cuenta las tecnologías actuales y futuras.
Encelado tiene todos los ingredientes necesarios para un entorno potencialmente habitable. Agua líquida. Moléculas orgánicas. Una fuente de energía química para alimentar la vida. Tanto desde el punto de vista científico como tecnológico, Encelado quedó en primer lugar, seguido de Titán y Europa.

¿Vamos a Encelado?
Si se eligiera Encelado, el módulo de aterrizaje aterrizaría en la región polar sur, cerca de las rayas de tigre, y recogería muestras del océano que han vuelto a la superficie desde los penachos. Alternativamente, si la ESA quisiera prescindir del módulo de aterrizaje por razones presupuestarias, el orbitador podría volar a través de los penachos y tomar muestras de material de esa manera.
Esto ya se hizo anteriormente con la nave Cassini. Aunque Cassini no disponía de instrumentos capaces de detectar vida, sí encontró moléculas orgánicas procedentes del océano en el interior de los penachos de Encelado.
¿O vamos Titán?
Por otro lado, un módulo de aterrizaje como parte de una misión a Titán se centraría en aterrizar en un lecho lacustre vacío que se llena estacionalmente de hidrocarburos líquidos, como etano y metano, y tomar muestras de los sedimentos que allí se encuentran. Sin embargo, entrar en la órbita baja de Titán, donde un orbitador también podría tomar muestras de la atmósfera superior de la luna, es un reto debido a la significativa delta-v (cambio de velocidad) necesaria, lo que requeriría una nave espacial más compleja con mayores reservas de combustible, lo que a su vez aumenta la masa en el lanzamiento.

También cabe señalar que la NASA ya está desarrollando una misión a Titán, concretamente un cuadricóptero llamado Dragonfly cuyo lanzamiento está previsto para 2028 con el fin de explorar los cielos y la superficie de la gran luna. Además, aunque Titán posee la química orgánica que podría reunir los componentes básicos de la vida, el potencial astrobiológico de la luna se ha cuestionado recientemente en una investigación que sugería que no llegaría suficiente material orgánico de la superficie a su océano subterráneo.






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