La Nebulosa del anillo en detalle
Nuevamente nos sorprenden los detalles, tengo que reconocerlo. El telescopio espacial James Webb de la NASA, obtuvo imágenes de la nebulosa del Anillo, uno de los ejemplos más conocidos de nebulosa planetaria. Al igual que la nebulosa del Anillo Sur, una de las primeras imágenes de Webb, la nebulosa del Anillo muestra intrincadas estructuras de las etapas finales de una estrella moribunda.
Las nebulosas son una fase del ciclo de vida estelar de una estrella similar al Sol. Antes se pensaba que las nebulosas planetarias eran objetos simples y redondos con una única estrella moribunda en el centro. Recibían este nombre por su aspecto borroso y planetario a través de telescopios pequeños.
Hace sólo unos miles de años, esa estrella era todavía una gigante roja que se desprendía de la mayor parte de su masa. Como último adiós, el núcleo caliente ioniza ahora, o calienta, este gas expulsado, y la nebulosa responde con una colorida emisión de luz. Sin embargo, las observaciones modernas muestran que la mayoría de las nebulosas planetarias presentan una complejidad asombrosa. O sea, el resto de estrella que hay en la actualidad, ioniza y le da color, al gas que esa misma estrella expulsó hace miles de años.

Entonces: ¿Cómo puede una estrella esférica crear estructuras no esféricas tan intrincadas y delicadas?
La nebulosa del Anillo es un objetivo ideal para desentrañar algunos de los misterios de las nebulosas planetarias. Está cerca, a unos 2.200 años luz, y es brillante.
Las imágenes muestran una cantidad de detalles increíbles. El anillo brillante que da nombre a la nebulosa está compuesto por unos 20.000 grupos individuales de gas hidrógeno molecular denso, cada uno de ellos tan masivo como la Tierra. Dentro del anillo, hay una estrecha banda de emisión de hidrocarburos aromáticos policíclicos, o PAH’s, moléculas complejas que contienen carbono y que no esperaríamos que se formaran en la nebulosa del anillo.

Fuera del anillo brillante, se observan unos curiosos “picos” que apuntan directamente en dirección opuesta a la estrella central y que destacan en el infrarrojo, pero que sólo eran visibles muy débilmente en las imágenes del telescopio espacial Hubble. Se cree que podrían deberse a moléculas que pueden formarse en las sombras de las partes más densas del anillo, donde están protegidas de la radiación directa e intensa de la estrella central caliente.
Tenemos aqui, la creación de moléculas complejas basadas en carbono e hidrógeno, y que surgen a partir de la muerte de una estrella.
Cuando la nebulosa se observa en el infrarrojo, con el instrumento MIRI, aparece una revelación sorprendente. La presencia de hasta diez características concéntricas espaciadas regularmente dentro de este débil halo. Estos arcos deben haberse formado cada 280 años, aproximadamente, cuando la estrella central se desprendía de sus capas exteriores.

Una compañera oculta
Cuando una estrella evoluciona hasta convertirse en una nebulosa planetaria, no hay ningún proceso que conozcamos que tenga ese periodo de tiempo. En su lugar, estos anillos sugieren que debe haber una estrella compañera en el sistema, orbitando más o menos tan lejos de la estrella central como Plutón de nuestro Sol. Mientras la estrella moribunda desprendía su atmósfera, la estrella compañera dio forma al flujo de salida y lo esculpió. Ningún telescopio anterior tenía la sensibilidad y la resolución espacial necesarias para descubrir este sutil efecto.
¿Cómo pudo una estrella esférica formar una nebulosa tan estructurada y complicada como la Nebulosa del Anillo?
Una pequeña ayuda de una compañera binaria bien podría ser parte de la respuesta.
Siempre tenemos sorpresas que nos agradan, y este descubrimiento es una de ellas.





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